Voces desde Alemania: exilio para seguir informando
Berlin.- Son las 3 de la mañana. Suena el teléfono. Mi madre, de 72 años, está sola en su apartamento. Contesta. Una voz desde un número oculto dice: «Sabemos tu dirección. Te cortaremos en pedazos». Días después, las fuerzas de seguridad citan a mi hermano para detenerlo. A mi hermana le dicen que perderá su empleo.
Quien habla es la periodista independiente Mahtab Qolizadeh, originaria de Irán y una de las periodistas que viven exiliadas en Alemania. Fue detenida en 2021 por la Guardia Revolucionaria de Irán y condenada a tres años de prisión. Le prohibieron ejercer el periodismo, usar redes sociales, participar en reuniones públicas y llevar cualquier tipo de vida social, según su sentencia judicial.
Ella y periodistas exiliados de Rusia, Vietnam, Azerbayán, Bielorrusia, Venezuela y México asistieron al desayuno parlamentario organizado por la taz Panterstiftung, enfocada en apoyar a periodistas para que continúen su trabajo, junto con Jinn, un centro de referencia para medios en el exilio con sede en Berlín.
El objetivo: intercambiar con diputados del Bundestag y representantes de ministerios federales sobre por qué, en este contexto de represión transnacional y auge de gobiernos autoritarios, es más urgente que nunca financiar a los medios que informan desde el exilio, ayudar a los periodistas a recuperarse de situaciones traumáticas y no dejar de informar. Además, se pidió garantizar la cooperación contra la represión transnacional y la continuidad de iniciativas como la Hannah Arendt, operada por la Deutsche Welle, o programas como la «Asociación Oriental y Rusia».

Un ejemplo claro de represión transnacional es el de Le Trung Khoa, quien lleva casi diez años bajo protección policial en Alemania. Le, redactor jefe del medio vietnamita thoibao.de —con más de 20 millones de vistas mensuales, enfocado en política y economía de Vietnam, pero también temas globales como la guerra en Ucrania—, relató las amenazas sufridas a pesar de vivir exiliado desde hace 20 años.
«En Vietnam todos los medios están censurados por el Estado. Al principio me sometí voluntariamente a esa censura. Desde 2017 dejé de hacerlo, y desde entonces tengo problemas. Recibo amenazas de muerte. En mi oficina en Berlín me visitan vietnamitas que me ofrecen dinero para que deje de informar sobre sus familiares, quienes ocupan altos cargos políticos en Vietnam. Por lo general no accedo, lo que deriva en amenazas. La embajada vietnamita en Berlín hace todo lo posible por aislarme dentro de la comunidad vietnamita», narró.
Contó que en 2024 desconocidos entraron a su auto sin robar nada, y un hombre de apariencia asiática fotografió su casa de noche. Desde 2018 tiene protección policial, ahora 24/7. En 2025, el Tribunal Popular de Hanói lo condenó en ausencia a 17 años de prisión. «Mi delito es el periodismo».
Siguió Katerina Abramova, jefa de comunicaciones de Meduza, el medio en ruso independiente más grande del mundo, que sigue informando desde Berlín pese a la censura. Explicó que ella y sus colegas salieron de Rusia para escapar de la prisión. Operaban desde Riga desde 2014, pero el exilio se agravó en 2022, tras la invasión a Ucrania, cuando Rusia los declaró completamente ilegales: «Trabajar para Meduza, apoyarnos con donaciones o incluso compartir nuestros materiales es ahora un delito según la ley rusa».
Para 2026 la presión se intensificó: hay seis causas penales contra cofundadores y periodistas de Meduza, con sentencias dictadas en ausencia. «Nuestro sitio web e infraestructura están bajo ataques DDoS constantes. Además, el Kremlin decidió controlar internet por completo. Ahora van contra todos, no solo contra las voces independientes. Los cortes de servicio, las listas blancas y el bloqueo de plataformas se han vuelto rutina dentro de Rusia».

Gemma Terés Arilla, directora de la Fundación taz Panter, destacó la importancia de programas de financiación y becas para periodistas en riesgo, como el Rest&Resilience, y señaló las dificultades para obtener visados, citando el caso de bielorrusos exiliados que no pueden renovar sus pasaportes en el extranjero.
Sergey Medvedev, fundador de Jinn, resaltó el papel crucial de las redacciones en el exilio, a menudo la única fuente alternativa de información para las personas en sus países de origen. Describió la crítica situación tras la interrupción de la financiación estadounidense, los recortes en el Reino Unido y los ajustes a los programas alemanes.
Leyla Mustafayeva (Azerbaiyán) y Vania Pigeonutt (México) describieron casos de violencia, intimidación y asesinato de periodistas. Gabriela Ramírez (Venezuela) advirtió que la protección a periodistas en peligro no debería depender de un cambio de gobierno, poniendo como ejemplo a los periodistas sirios que perdieron su estatus de protección tras la caída de Assad, aunque ni Siria ni Venezuela son hoy más seguras para la prensa.
El evento fue organizado con los diputados del Bundestag Adis Ahmetović y Nancy Faeser (SPD). También asistió Holger Mann (SPD), quien pidió a los periodistas presentar casos concretos de cómo Google, Meta y otras plataformas bloquean su contenido mientras proveen infraestructura para la manipulación de información, sugiriendo plantearlos por canales políticos.
Thomas Weichert (Ministerio Federal del Interior) explicó que un procedimiento simplificado para visados humanitarios sigue siendo un asunto político que requiere una nueva decisión del Gobierno Federal. Claudia Gabriele Schmitz (Ministerio de Asuntos Exteriores) presentó la Iniciativa Hannah Arendt, que apoya a periodistas en peligro mediante ayuda directa y centros de medios en países vecinos. Alexis Below añadió que existe apoyo adicional a través del programa de la Asociación Oriental y Rusia.

